Leer ficción
Cuando empecé a leer, leía solo libros de no ficción. Acercarme a la lectura (de adulto) partió de tener un problema y tratar de encontrar en los libros algún tipo de solución:
- Obesidad
- Aprender a estudiar
- Cómo ganar dinero
- Cómo ser más inteligente
La lectura, para mí, era un tipo más de estudio, un recurso más a la hora de aprender algo. No un entretenimiento.
Después de dos años de no ficción me harté y decidí entrar en el mundo de la ficción. Y fue ahí, casualmente, donde aprendí las lecciones que los libros de no ficción no me pudieron dar.
Siempre me gustaron los mundos de fantasía: todo empezó con Iron Man. De chico seguro leía ficción, tuve una época de muchas historietas y todavía sigo leyendo bastante manga. Miro películas y series. Pero nunca sentí que los libros tuvieran algo más para aportarle al mundo del entretenimiento.
Sin embargo, las lecciones que más me hicieron pensar fueron las no buscadas.
Para nombrar algunas: con La trilogía de los Tres Cuerpos de Liu Cixin aprendí de física, de sociología y de teorías cósmicas, y entendí mejor cómo se comporta el ser humano ante lo que lo supera que con El hombre en busca de sentido.
Con la saga de Red Rising entendí cómo funciona la política, los entramados de la sociedad y las clases mejor de lo que cualquier libro de sociología me lo podría haber explicado.
Distancia de rescate me hizo comprender ese sentimiento que mi mamá nunca me supo explicar: la preocupación de tener a un hijo más lejos de lo que uno desea.
Cadáver exquisito no solo me enseñó de la industria ganadera, sino también cómo somos los que consumimos: no solo qué energía metemos al cuerpo, sino cómo nos comportamos.
La diferencia clave es que al leer ficción uno no lee sobre recomendaciones, lecciones y aprendizajes: uno las vive para poder continuar con la historia. Mientras que en la no ficción uno puede llegar a entender qué es el sufrimiento, en la ficción uno está sufriendo siendo el personaje principal de esa historia.
Más allá de las lecciones que uno pueda sacar, los libros están para saborearlos. Según mi entendimiento, la ficción es lo único que tenemos, dentro de la literatura, para vivir la experiencia completa de una cena por pasos. En cambio, la no ficción es el suplemento: cumple su función, pero a nadie le gusta.
Aprendí a no tratar la lectura con la lógica de gratificación instantánea de estos tiempos. Hay que ir lento pero constante, aunque eso signifique no llegar a todos los libros que tenemos en mente.
Si no leés, mi recomendación es que te acerques a la lectura por cualquier excusa viable. ¿Te parece interesante la física? Agarrá un libro de eso. ¿La ciencia ficción? Andá por ahí. ¿Viste una película que te gustó? Agarrá el libro (probablemente sea mejor). Y, de a poco, sumá algún libro de ficción. Como con la comida, acercate por gusto adquirido a los clásicos —La isla del tesoro, 1984, Frankenstein, Fahrenheit 451— y andá descubriendo los maravillosos mundos que personas más inteligentes que uno inventaron para darle sentido al que vivimos.
El único hábito que me quedó de aquella época fue leer tratando siempre de encontrar una lección. Todavía es muy pronto para decir si es un buen hábito o uno malo.
– Banche
Recursos:
- La trilogía de los Tres Cuerpos — Liu Cixin
- El hombre en busca de sentido — Viktor Frankl
- Saga Red Rising — Pierce Brown
- Distancia de rescate — Samanta Schweblin
- Cadáver exquisito — Agustina Bazterrica
- La isla del tesoro — Robert Louis Stevenson
- 1984 — George Orwell
- Frankenstein — Mary Shelley
- Fahrenheit 451 — Ray Bradbury